EL MOVIMIENTO LGBTIQ EN ESPAÑA DURANTE LA TRANSICIÓN (2)

Además de la victoria que supuso la retirada de los “actos homosexuales” de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, en la recién estrenada Constitución del 78 el Estado dejaba de ser Católico y pasaba a definirse como aconfesional, cambio sustancial que debiera acabar con el recurrente uso del poder legislativo al servicio de criterios morales e ideologías al que caracterizó al régimen franquista.

La Magistratura de Trabajo de Barcelona emitió, en 1979, una sentencia que sería pionera en todo el estado: declaraba como improcedente el despido de un trabajador que había sido despedido por el hecho de ser homosexual.

Manifestacion-Federacion-Anarquista-FAGC

Poco después, el Ministerio del Interior acabó por ceder a una de las principales reclamaciones del activismo gay durante la transición y accedió a legalizar el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC). Esta organización se convirtió en la primera entidad homosexual reconocida en España. Suponía el fin de la clandestinidad de las organizaciones LGBT y un reconocimiento a la lucha por los derechos de la colectivo gay que el FAGC llevaba a cabo desde el 75. La legalización contaba con el apoyo de 50 localidades catalanas, diversos partidos políticos y hasta mil personalidades de izquierdas.

De hecho, gracias a la legalización de la FAGC se consiguió un doble objetivo. El primero y más obvio es el abandono de la clandestinidad y el reconocimiento a las organizaciones y acciones del activismo gay durante la transición. El segundo es el fuerte impulso que supuso para la normalización del movimiento LGBT en la sociedad. Las continuas campañas para conseguir la ansiada legalización contribuyeron a integrar a homosexuales y transexuales en el tejido social. Otros movimientos y colectivos de izquierdas, como organizaciones obreras, vecinales y feministas, prestaron su apoyo a la causa LGBT y presionaron a su favor, además de la implicación por parte del mundo cultural.

 

40 años de dictadura y represión habían acabado por generar un buen número de movimientos que reclamaban mayor libertad y cambios sociales. Activistas de organizaciones de muy diversa índole, supieron confluir y luchar conjuntamente contra un enemigo que los unía: la represión. Y esta unión de fuerzas fue la que permitió que el activismo gay de la transición saliera del armario de la marginalidad y se integrara socialmente.

Pero no todo era lucha política, o al menos, no únicamente. En 1979 Barcelona vuelve a ejercer de ciudad pionera en el estado y organiza el primer Carnaval Gay en la mítica La Paloma. Ese mismo año, otra sala mítica ya desaparecida, La Cibeles, acogía una celebración por todo lo alto de la legalización del FAGC. Parecía que todos los esfuerzos del activismo gay durante la transición habían dado sus frutos y que, finalmente, el colectivo LGBT podía abandonar la marginalidad y reivindicar su visibilidad sin verse amenazados por la acción represiva del Estado.

Sin embargo, en 1980 Barcelona fue testigo de una auténtica involución. Ese año, batidas policiales – metralleta en mano – irrumpen en los bares Men´s y La Luna, dos referentes del ambiente gay barcelonés de la época. La policía ya no podía ampararse en la Ley de Peligrosidad Social, aunque no tardaron en encontrar un nuevo pretexto. Aparentemente, estaban buscando a algún delincuente o indocumentado.

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Pero la acción más emblemática de cuantas lideró el FAGC fue, sin duda, la convocatoria y celebración de la primera manifestación del orgullo gay de España, que tuvo lugar en Barcelona en 1977. El 26 de junio de aquel año, las Ramblas se convirtieron en Stonewall y más de 4.000 personas recorrieron la popular vía. No movilizó solamente a homosexuales y transexuales, sino también a libertarios, sindicalistas y ciudadanos solidarios con la causa nutrieron aquella inédita manifestación. Lamentablemente, la policía acabó por intervenir y disolverla – por la fuerza, con heridos y detenidos. Fueron incapaces, sin embargo, de restar un ápice de fuerza al que probablemente fue el acto más relevante del Movimiento LGBTIQ durante la transición. De hecho, la prohibición de celebrar nuevamente una manifestación en 1978, conllevó que la FAGC organizará un encierro en la Parroquia de Sant Miquel de Barcelona como protesta: en lugar de acallar las voces del colectivo, la acción gubernamental no hizo sino amplificarla.

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La noticia más importante para el Movimiento Gay durante la transición (el término gay, en los 70, albergaba todas las identidades sexuales y de género) llegó en enero de 1979. Ese año se eliminaron varios artículos de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, entre ellos los que hacían referencia a los “actos de homosexualidad”. A partir de ese momento, la lucha se centrará en acabar con el otro instrumento gubernamental de represión contra gays y transexuales: el delito de escándalo público.

Nota del editor:
En el momento histórico al que hace referencia este artículo el término gay se usaba de un modo ámplio para referise a las personas LGBTIQ+ en general.

El término gay, LGBT, LGTBI o LGBTIQ+ se usan de forma indistinta.